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Lucir y presumir cuidando el ecosistema marino

LUCIR Y PRESUMIR CUIDANDO EL ECOSISTEMA MARINO

15 de diciembre del 2021 por Nautimedia

Del amor por el mar mediterráneo y la pasión por la joyería nace una iniciativa única para poder lucir nuestro océano sin perjudicarlo, Coralviu. Una oportunidad única de tener una réplica idéntica de un ser marino pero sin sacarlo del mar.

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Amigo invisible, Papá Noel, los Reyes Magos, el Tió, el Olentzero… Ya ha comenzado la época de compras navideñas, y miles de personas se lanzan a las calles y centros comerciales, iluminados y decorados para la ocasión, en busca de ese regalo perfecto y especial, ese detalle único que se recordará para siempre. 

Sin hacer distinción de sexos, es cierto que la tecnología suele ser “casi” siempre un acierto seguro, además de uno de los regalos más solicitados, pero cuando se busca algo más personal, que conecte con esa persona especial y le ilumine el rostro de felicidad, las joyas suelen ser el regalo ideal. 

Llegados a este punto pensaréis, ¿por qué esta introducción rara en un medio náutico? pues,  desde Pasión por el Mar queremos mostraros algo que merece mucho la pena, y ya avisamos de que no son anunciantes, ni nos lucramos con apoyarlos, simplemente creemos que lo que han diseñado desde Coralviu es sencillamente genial. No es una joya cualquiera, aquella que todo el mundo llevaría, fabricada  de forma masiva porque está de moda, sino una joya exclusiva, que representa algo tan natural y especial como nuestro mar balear, pero sin perjudicar los ecosistemas marinos extrayendo las piezas de su hábitat. 

Lucir una pieza única, como la gorgonia roja, la coralina o la tortuga Caretta Caretta sin arrasar con el mar, ya es posible gracias a un proyecto que surgió en 2018 del amor al mar del  documentalista submarino Fernando Garfella y su pareja, María Mantecón

Así nace así Coralviu, fruto de la pasión por la joyería de María y del amor por el mar balear que tenía el trístemente desaparecido Fernando, quien además nos dejó en agosto de 2020 realizando lo que más le apasionaba, sumergirse rodeado de todo un mundo marino que le hacía sentirse como si estuviera en casa. La idea de este proyecto empezó hace ya años cuando, tal y como relata María “le enseñaba mi pequeño taller de joyería que tenía montado en casa, y él me enseñaba técnicas de buceo e historias del mar, esa era nuestra vida, nuestro proyecto, porque era algo que nos unía a los dos, era nuestra pasión” recuerda Mantecón.

Esta iniciativa de artesanía marina, además de alma, tiene un mensaje claro de concienciación y de cuidado del ecosistema marino, y un aviso directo a la sociedad y a toda esa industria que comercializa con los seres vivos de que es posible hacer las cosas de otra manera, en este caso, ahora es posible lucir las maravillas del mediterráneo sin arrancarlo de los océanos.  

Piezas únicas con alma propia

Uno de los motores de este proyecto es sin duda alguna, Fernando Garfella, quién ya desde niño pasó horas infinitas en el mar, conociendo el litoral y el lecho marino de Andratx, para poco a poco ser un firme defensor de sus aguas, con los años fue aprendiendo la importancia de conservar el medio marino que nos rodea, y antes de irse dejó  plasmada toda esta pasión y cuidado en cada pieza que ahora María está terminando de darle ese último estirón que le quedaba al proyecto de joyería que habían montado con tantísima ilusión. 

Su esfuerzo por preservar el Mar Mediterráneo estuvo presente en cada inmersión que realizó, muestra de ello son las imágenes que obtenía de la flora subacuática de la isla, que ahora se han convertido en diseños que después se convertirían en joyas. Y es que la creación de una réplica exacta de un organismo marino en joya, conlleva un meticuloso y cuidado proceso de fabricación que se inicia con la fotogrametría, una técnica para obtener moldes en 3D a través de la fotografía. 

La idea de estos dos amantes del mar fue crear una línea de joyería diferente, pero algo más consciente. “Ahí surgió la idea de fotogrametriar las distintas especies marinas, con el objetivo de no tener que sacar nada del fondo del mar y poder lucir vida en estas joyas” explica María. 

Para ello, el experto Fernando Garfella tuvo que realizar numerosas inmersiones, sobre todo en la zona de Cabrera, para fotografiar a través de esta técnica y obtener los diseños más estéticos y artísticos posibles para crear sus joyas. Un proceso que requería de mimo y dedicación, un trabajo respetuoso con el medio marino que solo podía ofrecernos Garfella, ya que amaba el mar y todo su entorno como pocos. Además, no bastaba con una inmersión, para conseguir una fotografía y una métrica del organismo clara, para captar el alma de ese ser se debían planificar diversas jornadas de buceo hasta obtener la reproducción exacta. 

Este es un proyecto importante que María ha decidido continuar, no solo para mantener el recuerdo de su socio y compañero, sino en memoria de la lucha de ambos por proteger el ecosistema. “Decidí seguir adelante como mi homenaje a él, mi homenaje a los dos y como mi homenaje al mar y a Coralviu. Es mi granito de arena, tanto para mi, como para con él” cuenta María. Además, “este proyecto me mantiene siempre unida a Fer” añade María. 

Y es que una de las principales premisas del plan iniciado por estos dos amantes del medio marino y la artesanía es poder lucir el mar, pero sin sacar nada de él, es decir, convertir la joyería en una herramienta útil para la protección de los mares. “Que se entienda que su lugar es el mar y no otro” explica María. 

Por ese motivo, todas y cada una de las piezas están cuidadosamente seleccionadas y reproducidas a partir de un molde impreso en 3D, del que se saca el negativo sobre el que se introducen oro o plata fundidos con el fin de crear reproducciones fieles de distintas especies marinas y captar toda su esencia. Para ello, María y Fer aprendieron diferentes técnicas artesanales y montaron el taller en su casa de Sant Elm. Otra de las razones por las cuáles estas joyas son tan especiales, “la joya sale al 100% de nuestro hogar” cuenta María. 

Estas joyas están inspiradas en algunas de las especies marinas más bellas del mar balear como la gorgonia roja, una colonia de pólipos con forma arbolada amenazada por la captura comercial, ya que muchos la emplean como pieza de joyería natural pero no saben que pierde su color al sacarlas del agua. O la coralina, un falso coral de color naranja intenso que se puede encontrar en fondos rocosos poco iluminados o grutas.  Y la tortuga Caretta Caretta, una tortuga con mucha historia en la colección de joyas de Coralviu, ya que es la representación exacta de una tortuga en concreto que fue avistada a una milla de las costas de Cabrera. Este tipo de tortuga marina está en vía de extinción por diferentes motivos como la ingesta de plásticos, abandono de redes fantasma y restos flotantes que encuentran durante sus migraciones y travesías. 

Cuidando el ecosistema en cada paso del proyecto

Como mensaje, la preservación del mar está presente en el proceso de diseño, creación y producción de las joyas de Coralviu. Hasta el packaging está hecho con materiales directamente relacionados con el mar, como los restos de velas que un día encontraron semisumergidas en una de sus muchas singladuras. Tejidos que una vez agotada su vida útil, y  desgastados por el mar, el sol y la fuerza de los vientos han pasado a arropar estas piezas artesanales únicas.

Incluso los cierres de las bolsas de estas joyas tienen algo especial que contar, y es que los botones utilizados nos han sido devueltos directamente del mar, ya sea en la arena, tras un temporal, sumergidos en las aguas costeras o en las rocas del mediterráneo y del cantábrico. Porque, uno de los objetivos de Coralviu es concienciar sobre la conservación de los océanos, y, aunque estos mares son muy diferentes, están unidos por la misma desgracia, los muchos y diferentes vertidos que se producen cada año en nuestras aguas. 

Por eso Coralviu utiliza en sus bolsas únicas y diferentes estos botones, como una aportación más de limpiar el mar, y es que “por cada 100 botones se retiran del mar 50 gramos de plástico, puede resultar insignificante, pero recordemos que gota a gota se lleva un vaso, y botón a botón hacemos que nuestros mares se libren de aquello que no necesitan y tanto daño nos terminará haciendo” recuerda María.

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