La investigadora del IMEDEA Nerea Piñeiro lidera el primer inventario completo del almacenamiento de CO₂ de las praderas marinas de España y Portugal.
¿TE HA GUSTADO ESTE CONTENIDO? PUES... ¡TIENES TODOS NUESTROS PROGRAMAS COMPLETOS AQUÍ!Las aguas de Baleares esconden uno de los grandes aliados contra el cambio climático en la península ibérica. Un estudio liderado por la investigadora Nerea Piñeiro-Juncal, del IMEDEA, revela que las praderas marinas —con especial protagonismo de la Posidonia oceanica— forman parte de un sistema natural capaz de almacenar el equivalente a cerca del 25% de las emisiones anuales de España y Portugal.
El trabajo, titulado “Blue carbon inventories of Spain and Portugal for their inclusion in national climate mitigation strategies”, cuantifica por primera vez cuánto CO₂ guardan los ecosistemas costeros, conocidos como “carbono azul”, como las praderas marinas y las marismas en estos países. En conjunto, estos espacios almacenan una enorme cantidad de carbono, con un peso destacado del Mediterráneo occidental.
En este contexto, Baleares juega un papel decisivo. Las praderas de Posidonia oceanica, especialmente extensas en el archipiélago, representan cerca del 40% de la superficie total de praderas marinas analizadas. Esta planta, exclusiva del Mediterráneo, acumula carbono en los sedimentos marinos durante siglos, convirtiendo el fondo marino en un auténtico depósito natural.
En palabras de Nerea Piñeiro-Juncal “las praderas de posidonia son sumideros de carbono a largo plazo. En Baleares, su extensión las convierte en el principal sumidero de carbono azul de España. Contribuyendo de forma relevante a la adaptación al cambio climático”. De hecho, el informe liderado por la investigadora del IMEDEA señala que de los 1.976 km2 de praderas y marismas que almacenan CO₂ en España y Portugal, el porcentaje más elevado corresponde a los fondos marinos del archipiélago balear, con 650 km2
España y Portugal albergan dos de los principales tipos de ecosistemas de carbono azul: praderas de pastos marinos y marismas. Hasta la fecha, no se ha realizado ninguna evaluación nacional exhaustiva de las reservas de carbono de los ECA en España y Portugal. El estudio del equipo de Nerea Piñeiro evalúa la magnitud del sumidero de carbono asociado a ellos en toda la Península Ibérica y los territorios insulares españoles, así como la posible emisión de CO₂ resultante de su degradación.
Se estima que los ecosistemas de biomasa (EB) en el área estudiada almacenan 95 Tg de CO₂ en la biomasa y el primer metro de suelo, lo que equivale a aproximadamente el 25 % de las emisiones de CO₂ de España y Portugal en 2022. Conviene recordar que 1Tg equivale a 1 millón de toneladas métricas, por tanto, 95 Tg de CO₂ equivalen a 95 millones de toneladas de CO₂.
La tasa promedio de acumulación de carbono orgánico en el suelo se estimó en 0,15 Tg de CO₂ 1/2, equivalente al 0,04 % de las emisiones anuales de estos dos países (en 2022).
Este “tesoro climático”, sin embargo, no está garantizado. El estudio advierte de que el deterioro de estos ecosistemas en el último siglo ya ha liberado a la atmósfera grandes cantidades de CO₂. El estudio apunta que, por este motivo, durante el último siglo se podría haber liberado entre 11 y 27 Tg de CO₂ y las predicciones prevén que si no se refuerzan las medidas de protección, en las próximas décadas podrían liberarse muchas más emisiones. En concreto se calcula que en los próximos 30 años se liberarán entre 1,3 y 5,6 Tg de CO₂. Esto subraya la necesidad urgente de intensificar los esfuerzos de conservación y restauración.
En Baleares, la presión turística, el fondeo de embarcaciones, la contaminación y el desarrollo costero son algunas de las principales amenazas para la posidonia. Su degradación no sólo supone la pérdida de biodiversidad, sino también la liberación del carbono acumulado durante cientos o miles de años y la pérdida de su capacidad de secuestro, que contribuye a compensar parte de las emisiones de la población de las islas.
Para Piñeiro-Juncal “el valor de estos ecosistemas va mucho más allá del carbono. Son fundamentales para la salud del litoral y para sectores clave como el turismo”. Y es que además de su papel climático, las praderas de posidonia son esenciales para el archipiélago: protegen las playas frente a la erosión, mejoran la calidad del agua y sirven de refugio para numerosas especies marinas.
El estudio abre la puerta a integrar el carbono azul en las políticas climáticas y de conservación. Los datos obtenidos pueden incorporarse a los inventarios nacionales de emisiones y servir de base para proyectos de restauración y compensación de carbono. A este respecto, este trabajo convierte a España y Portugal en uno de los países líderes en esta incorporación dentro de la Unión Europea.
En Baleares, donde la posidonia ya cuenta con protección específica, los resultados refuerzan la necesidad de intensificar su conservación.
En un contexto de crisis climática, el mensaje es claro: proteger la posidonia no solo preserva el paisaje y la biodiversidad del archipiélago, sino que también contribuye de forma directa a frenar el calentamiento global.